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La casa para débiles mentales

  • Writer: Adrian Edelman
    Adrian Edelman
  • Dec 15, 2024
  • 2 min read

Es el siglo 66. 

 

Todos los niños aprender a leer y escribir a los 8 años en una especie de evento de vacunación masiva – con una interfase directa entre una computadora y sus cerebros.  

 

A los 18 años, y en el Día de la Educación, un evento similar, todos reciben la profesión que mejor se adecua a su configuración cerebral.  Poco después, compiten en las Olimpíadas profesionales por las mejores posiciones en los destinos más cotizados de la galaxia.  

 

Todos, menos George Platen. A George le dicen que no es posible asignarle una profesión, y lo invitan a vivir en un lugar con otros pocos “especiales” como él.   

 

La casa para débiles mentales

 

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Este es el escenario de uno de mis cuentos favoritos, Profesión, de Isaac Asimov.  Lo había leído en mi adolescencia, y me lo volví a encontrar hace unos 25 años cuando me empecé a cruzar con temas de formación y desarrollo profesional.  


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Y en estos tiempos de agentes de inteligencia artificial que ofrecen minutas de reuniones,  síntesis de bases de datos, respuestas aparentemente inteligentes a preguntas complejas, resumenes de libros, propuestas de contenido, planes y esquemas de casi cualquier cosa que a uno se le ocurra, me volví a acordar del cuento. 

 

No soy nada experto en esto ni tengo claro de qué formas finalmente usaremos estos recursos de forma productiva.  Puedo ser escéptico frente a los radicales que prometen que todo cambiará, y ser un early adopter práctico frente a los resistentes de todos los tiempos. 

 

Pero algunas cosas me hacen ruido. Cuando los atajos son demasiado grandes, algo parece no cerrar.

 

Seguro que hay muchas situaciones en las que hay valor en que un “ChatAlguienMás” responda y resuelva.  Pero para lo que de verdad vale la pena, me cuesta creer que sea suficiente aprender a hacer las preguntas correctas – los “prompts”.

 

Para ser fiel a mi argumento, no voy a contar como sigue y termina el cuento. Los invito a leerlo (links abajo) y dejar que les provoque algo.

 

Solo digo que por el momento nos deseo que nos veamos más en las Casas para débiles mentales que en las Olimpíadas.   


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Adrian Edelman 

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